Kiashid Voronin

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Kiashid Voronin

Mensaje  MuXeD el Mar Sep 09, 2008 12:26 pm

Una parpadeante luz se veía en el claro entre los arboles. Allí, y en el frío de la noche, cuatro siluetas discutían. El bosque no dejaba casi que la nieve penetrase en esa zona, pero los copos caían lentamente en los ropajes de los cuatro. Dos de ellos, discutían acaloradamente mientras los otros dos devoraban parte del ciervo que colgaba encima del fuego.

- Voronin, Alex, os toca la primera guardia. - dijo una dura voz, mientras se levantaba. Los dos tipos que discutían pararon, y uno de ellos se levantó y siguió al que acababa de hablar.

Una mujer pelirroja y con una larga melena se levantó, parecía joven, una niña casi, y comenzó a apagar la hoguera. Los otros dos habían desaparecido en el bosque, y Alex desapareció por la otra parte del bosque. - Te espero aquí - se le oyó decir mientras desaparecía. La pequeña, se acercó al fuego y miró a ambos lados. El fuego le rodeó, y en una pequeña espiral descendió hasta su mano, formando una pequeña bola con forma de calavera, que se consumió en segundos. Recogió el resto de cosas y siguió a Alex.

La noche estaba tranquila, exceptuando el frío que podía ser mortal, entre los arboles, parecía que había dejado de nevar y la luna aparecía entre las nubes. Los dos entraron en lo que parecía una pequeña madriguera. Tras un largo rato en silencio, y en susurros, Alex habló.

- No entiendo que es lo que te trae a arriesgar tu vida, pasando por estas zonas muertas en esta expedición. Sabemos casi a ciencia cierta que por todos los poblados por los que pasemos, no encontraremos mas que muertos, y ruinas. Se que eres de la zona, pero podrías haberte quedado en el Imperio. Allí hay algo de seguridad. Aquí solo tienes a tres muertos de hambre que dan su vida por algo de comer - una sonrisa se dibujo en su cara -. ¿No hablas? - dijo mirandola. Ella mantenía los ojos cerrados y casi ni se movía.

- Supongo que quiero saber, eso es todo - dijo para sorpresa de Alex, su voz era demasiado melodiosa, aunque sus palabras eran cortadas y su acento era extraño. -. Si has escuchado los rumores, yo era una pequeña que no sabía ni hablar y que apareció a las puertas de la ciudad, sola, llorando, una maldita, una niña corrompida por el Caos. Rumores que mucha gente cree.

- ¿Sabes cual es el motivo de que el Sargento te aceptase en este suicidio?. Tu determinación - dijo sonriendo -. Sin miedo, dijiste que querías venir, y ni siquiera querías oír los "peros". Si el Imperio te ha dejado vivir, a nosotros no nos importa. Somos mercenarios, nos regimos por un código especial, se llama dinero, en cambio tu, no tienes más que ser mercenaria, no te queda otra. Esa es la diferencia.

En ese momento, un hacha se clavó al lado de Alex, este se levantó de un sobresalto y desenfundó su arma, una silueta miraba desde el bosque. - Con ese ruido, hasta un ogro idiota os habría escuchado, dejad de hablar y vigilad. - la voz del Sargento se acercaba, llegó a su altura y la luz que pasaba por entre los arboles dejó ver su cara, un parche tapaba su ojo izquierdo, aunque su ojo derecho era profundo y vacío. Varias cicatrices desaparecían en su frondosa barba. - Voronin, tu puedes descansar, estoy seguro de que este idiota ha sido el que ha empezado a hablar - sonrió y extendió la mano, después miró a Alex -. Este turno lo haces tu solo, así no hablarás.

Kiashid se habría quedado, pero el frío podía con ella, y acepto la mano del Sargento - Gracias - dijo levemente.

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Casi un mes mas tarde, en una taberna de la ciudad de donde salieron, tres personas celebraban en una mesa. El Sargento se levantó.

- ¡Por el plazo que nos ha dado la muerte! - y levantó su jarra. Kiashid levantó la jarra también, Alex mas sonriente que nunca aunque con un brazo en cabestrillo, ya estaba bebiendo. Un par de personas se unieron al grupo con ambas jarras. El Sargento acercó su cabeza a Kiashid - Te debo una, has salvado a uno de mis hombres. Estar en deuda con uno de los mios es estarlo conmigo. Pide lo que quieras.

- ¿Aceptarías a alguien mas entre tus hombres? - los dos se rieron.

No hacía falta decir nada mas. Desde ese momento trabajó con el Sargento, aunque no todo dura eternamente, sobre todo por que la muerte espera en cada batalla.

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Años mas tarde, solo quedaba ella del grupo, llegó a una taberna cualquiera, en una ciudad cualquiera, ahora mucho mas madura. Acababa perder a sus últimos compañeros, el Sargento entre ellos. Entró en la taberna.

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