La forja de un proscrito - Última defensa.
GEO's :: Rol :: Historia de los héroes
Página 1 de 1. • Compartir •
La forja de un proscrito - Última defensa.
El acre olor de la pólvora inundaba el aire. El ensordecedor rugido de los cañones ahogaba los gritos de guerra y los lamentos de los moribundos que esperaban la llegada de Morr. Aunque el sol estaba alto, la niebla de la guerra lo oscurecía todo como una gigantesca nube de desesperanza. Aquella era sólo una batalla más de un regimiento anónimo en la guerra que los años venideros bautizarían como la Tormenta del Caos, pero para los hombres que luchaban por sus vidas lo era todo.
Habían marchado muchas leguas hacia el norte, empujando a las fuerzas del derrotado Archaon hacia los desiertos infames de los que había surgido. Habían dado caza a los invasores sin descanso hasta estar agotados, faltos de provisiones y alejados de cualquier ayuda. El Imperio se había olvidado de ellos y ahora estaban solos en territorio enemigo. Tan pronto los servidores del Caos habían detectado su debilidad habían comenzado los ataques.
El capitán Edmund impartía órdenes de forma apremiante desde la colina donde las fuerzas imperiales habían levantado su improvisada defensa. Su armadura estaba manchada de sangre y hendida allí donde las armas de los siervos de los Poderes Ruinoso habían golpeado. Su caballo había sido abatido por el enemigo y ahora caminaba a grandes zancadas entre los hombres exhortándoles a mantener sus posiciones y luchar con renovado vigor. Siempre a la zaga le seguía el muchacho al que había adoptado como paje. Le habían encontrado entre los restos humeantes de una granja saqueada y el capitán se había hecho cargo de él. Aunque nunca hablaba había demostrado cierta habilidad con el flautín por lo que se había convertido en el músico del regimiento tras la muerte de Johann, que ostentó el cargo antes que él.
A la izquierda del muchacho un grupo de arcabuceros abrió fuego contra las líneas enemigas. Sonó una detonación atronadora y varios de los bárbaros que los tenían rodeados cayeron abatidos. No muy lejos los lanceros y alabarderos formaban un muro destinado a proteger la artillería imperial. En lo alto de la colina aun ondeaba el estandarte del grifo… pero sólo era cuestión de tiempo que el enemigo los sobrepasara.
- ¡Maldita sea! –Exclamó el capitán.- ¡Estamos atrapados como ratas! ¡Nos matarán uno a uno hasta que todos sirvamos de alimento a los cuervos!
- Debemos tener fe y seguir luchando, Capitán.
El que había hablado era un hombre imponente. Impávido en la matanza sostenía su poderoso martillo, a la vez arma y símbolo de su cargo, con indiferencia. Su nombre era Valdemar y era un sacerdote guerrero al servicio de Sigmar. Había sido su celo justiciero el que había empujado a los hombres siempre un paso más hacia el norte en persecución del enemigo.
- Sin alimentos ni suministros no podremos luchar mucho más, sacerdote.
- Entonces no esperemos a que nos sobrepasen. – respondió el sacerdote con un brillo demencial en su mirada. - ¡Carguemos ahora en una última ofensiva! ¡Morir al servicio de Signar es el mayor de los dones! ¡Llevémonos al infierno a todos los que podamos antes de perecer en un último destello de gloria!
Edmund miró al muchacho que observaba a ambos en silencio. Pasó su mano por los desordenados cabellos del paje con gesto afectuoso y suspiró.
- Esta bien sacerdote. Daré las órdenes pertinentes.
- ¡Perfecto! ¡Iré a preparar mi alma para el combate final! – Dijo Valdemar al parecer satisfecho antes de alejarse a grandes zancadas hacia el maltrecho altar de guerra que habían transportado hasta allí.
El capitán lo observó mientras se alejaba. Luego se volvió hacia el muchacho con tristeza.
- Ese loco no buscaba más que inmolarse y nos ha arrastrado con él hasta este infierno. Debía haberme percatado de su locura antes de llevarnos a todos a la muerte. Sin embargo aún puedo hacer algo…
El muchacho contempló a su señor en silencio.
- Reúne a los sargentos y los abanderados. Voy a impartir las órdenes.
La destartala tienda de campaña estaba abarrotada. Los líderes de casi todas las unidades de la compañía estaban presentes. Sólo Valdemar se había ausentado demasiado ocupado en sus rezos como para asistir.
- La situación es desesperada, muchachos. –Dijo el capitán. – Estamos superados en número, en posición y en táctica. Si no hacemos algo todos moriremos aquí.
Un murmullo inundó la tienda ante la evidencia de lo que todos ya sospechaban.
- ¿Entonces os hemos seguido sólo para morir aquí como perros? ¿Era este el plan que vos y ese sacerdote demente teníais? ¿Avanzar hasta que nos aniquilaran?
El que preguntaba era Welter, el hermano del desdichado Johann. Su pregunta daba voz al descontento de la mayoría de los hombres. Habían seguido fielmente a su oficial sólo para ver su fe en él traicionada.
- Ese era su plan.- Respondió Edmund. – Y yo fui un necio al no verlo hasta que fue demasiado tarde.
El murmullo se hizo más sonoro y se escucharon varios juramentos en contra de Valdemar y el propio Edmund.
- Entonces tal vez deberíamos rendirnos y entregaros. – Respondió Welter.
Muchos guardaron silencio ante semejantes palabras de insubordinación, pero otros respondieron con murmullos de aprobación.
- Soy consciente de mis errores. –La voz de Edmund sonaba agotada. – Y haré cuanto esté en mi mano para salvar a cuantos hombres podamos. Pero la rendición no es una opción. Nos someterían y nos sacrificarían a sus dioses. Hasta el último de nosotros. –Al decir esto último posó su mirada en el muchacho.
- ¿Y qué otra salida tenemos? – Exclamó una voz entre los hombres.
- El padre Valdemar quiere que carguemos heroicamente para morir alavando a Sigmar. - Al decir esto varias voces iracundas se alzaron entre los sargentos. – Sin embargo ese no es mi plan. Cargaremos, sí, pero no para encontrar la muerte. Lucharemos por nuestras vidas. ¡Abriremos un hueco en el cerco del enemigo para dar una oportunidad a todos los que logren abrirse paso! ¡No permitiré que mis hombres, que vuestros soldados, mueran sin hacer todo cuanto este en mi mano por salvarles!
Los sargentos intercambiaron miradas frías, su descontento aplacado por el momento.
- ¿Cuál es el plan? – Preguntó finalmente Welter.
Habían marchado muchas leguas hacia el norte, empujando a las fuerzas del derrotado Archaon hacia los desiertos infames de los que había surgido. Habían dado caza a los invasores sin descanso hasta estar agotados, faltos de provisiones y alejados de cualquier ayuda. El Imperio se había olvidado de ellos y ahora estaban solos en territorio enemigo. Tan pronto los servidores del Caos habían detectado su debilidad habían comenzado los ataques.
El capitán Edmund impartía órdenes de forma apremiante desde la colina donde las fuerzas imperiales habían levantado su improvisada defensa. Su armadura estaba manchada de sangre y hendida allí donde las armas de los siervos de los Poderes Ruinoso habían golpeado. Su caballo había sido abatido por el enemigo y ahora caminaba a grandes zancadas entre los hombres exhortándoles a mantener sus posiciones y luchar con renovado vigor. Siempre a la zaga le seguía el muchacho al que había adoptado como paje. Le habían encontrado entre los restos humeantes de una granja saqueada y el capitán se había hecho cargo de él. Aunque nunca hablaba había demostrado cierta habilidad con el flautín por lo que se había convertido en el músico del regimiento tras la muerte de Johann, que ostentó el cargo antes que él.
A la izquierda del muchacho un grupo de arcabuceros abrió fuego contra las líneas enemigas. Sonó una detonación atronadora y varios de los bárbaros que los tenían rodeados cayeron abatidos. No muy lejos los lanceros y alabarderos formaban un muro destinado a proteger la artillería imperial. En lo alto de la colina aun ondeaba el estandarte del grifo… pero sólo era cuestión de tiempo que el enemigo los sobrepasara.
- ¡Maldita sea! –Exclamó el capitán.- ¡Estamos atrapados como ratas! ¡Nos matarán uno a uno hasta que todos sirvamos de alimento a los cuervos!
- Debemos tener fe y seguir luchando, Capitán.
El que había hablado era un hombre imponente. Impávido en la matanza sostenía su poderoso martillo, a la vez arma y símbolo de su cargo, con indiferencia. Su nombre era Valdemar y era un sacerdote guerrero al servicio de Sigmar. Había sido su celo justiciero el que había empujado a los hombres siempre un paso más hacia el norte en persecución del enemigo.
- Sin alimentos ni suministros no podremos luchar mucho más, sacerdote.
- Entonces no esperemos a que nos sobrepasen. – respondió el sacerdote con un brillo demencial en su mirada. - ¡Carguemos ahora en una última ofensiva! ¡Morir al servicio de Signar es el mayor de los dones! ¡Llevémonos al infierno a todos los que podamos antes de perecer en un último destello de gloria!
Edmund miró al muchacho que observaba a ambos en silencio. Pasó su mano por los desordenados cabellos del paje con gesto afectuoso y suspiró.
- Esta bien sacerdote. Daré las órdenes pertinentes.
- ¡Perfecto! ¡Iré a preparar mi alma para el combate final! – Dijo Valdemar al parecer satisfecho antes de alejarse a grandes zancadas hacia el maltrecho altar de guerra que habían transportado hasta allí.
El capitán lo observó mientras se alejaba. Luego se volvió hacia el muchacho con tristeza.
- Ese loco no buscaba más que inmolarse y nos ha arrastrado con él hasta este infierno. Debía haberme percatado de su locura antes de llevarnos a todos a la muerte. Sin embargo aún puedo hacer algo…
El muchacho contempló a su señor en silencio.
- Reúne a los sargentos y los abanderados. Voy a impartir las órdenes.
La destartala tienda de campaña estaba abarrotada. Los líderes de casi todas las unidades de la compañía estaban presentes. Sólo Valdemar se había ausentado demasiado ocupado en sus rezos como para asistir.
- La situación es desesperada, muchachos. –Dijo el capitán. – Estamos superados en número, en posición y en táctica. Si no hacemos algo todos moriremos aquí.
Un murmullo inundó la tienda ante la evidencia de lo que todos ya sospechaban.
- ¿Entonces os hemos seguido sólo para morir aquí como perros? ¿Era este el plan que vos y ese sacerdote demente teníais? ¿Avanzar hasta que nos aniquilaran?
El que preguntaba era Welter, el hermano del desdichado Johann. Su pregunta daba voz al descontento de la mayoría de los hombres. Habían seguido fielmente a su oficial sólo para ver su fe en él traicionada.
- Ese era su plan.- Respondió Edmund. – Y yo fui un necio al no verlo hasta que fue demasiado tarde.
El murmullo se hizo más sonoro y se escucharon varios juramentos en contra de Valdemar y el propio Edmund.
- Entonces tal vez deberíamos rendirnos y entregaros. – Respondió Welter.
Muchos guardaron silencio ante semejantes palabras de insubordinación, pero otros respondieron con murmullos de aprobación.
- Soy consciente de mis errores. –La voz de Edmund sonaba agotada. – Y haré cuanto esté en mi mano para salvar a cuantos hombres podamos. Pero la rendición no es una opción. Nos someterían y nos sacrificarían a sus dioses. Hasta el último de nosotros. –Al decir esto último posó su mirada en el muchacho.
- ¿Y qué otra salida tenemos? – Exclamó una voz entre los hombres.
- El padre Valdemar quiere que carguemos heroicamente para morir alavando a Sigmar. - Al decir esto varias voces iracundas se alzaron entre los sargentos. – Sin embargo ese no es mi plan. Cargaremos, sí, pero no para encontrar la muerte. Lucharemos por nuestras vidas. ¡Abriremos un hueco en el cerco del enemigo para dar una oportunidad a todos los que logren abrirse paso! ¡No permitiré que mis hombres, que vuestros soldados, mueran sin hacer todo cuanto este en mi mano por salvarles!
Los sargentos intercambiaron miradas frías, su descontento aplacado por el momento.
- ¿Cuál es el plan? – Preguntó finalmente Welter.

Zaphariel- Cabo

-
Cantidad de envíos: 241
Edad: 28
Nombre PJ principal: Zaphariel
Raza: Humano del Imperio
Fecha de inscripción: 08/10/2008
Re: La forja de un proscrito - Última defensa.
Muy bien narrado, Zapha. Espero que continúe la historia, jeje. Gracias.
P.D.: Te he corregido una pequeña falta de ortografía que tenías, y no te habrías dado cuenta.
P.D.: Te he corregido una pequeña falta de ortografía que tenías, y no te habrías dado cuenta.
_________________
El Honor y las mieles de la merecida victoria son mi mayor recompensa.

Mesmer- Cabo

-
Cantidad de envíos: 316
Edad: 24
Localización: Granada
Nombre PJ principal: Maildir Aranel
Raza: Alto Elfo
Fecha de inscripción: 12/08/2008
La reflexión
Tras escuchar relatos antiguos de la "Tormenta del caos", Aredhel que anelaba la paz y que no entendia como podria existir un mundo tan cruel y desvanecedor, no pudo exbosar sus fuertes ganas de gritar...
Aun encerrada en las tierras sombrias, buscando un porque de su existencia pensaba que ahora mismo vivia la misma situación del capitan y el sacerdote:
"¿porque luchar?... ¿ese es mi destino en la vida? .... el Capitan se negaba a luchar en su corazon pues todo estaba perdido... quizas lo mejor hubiera sido huir, pero el sacerdote luchaba por la fe de esa deidad llamada Sigmar...¿no lo entiendo?... es exactamente lo que me pasa a mi... mi querido Marule llevo tiempo buscandos y añorando vuestra presencia, tu vives para protejer a tu pueblo y yo vivo para vivir junto a ti.... tu eres Valdemar y yo Edmund ¿ sacrificaremos todo por algo que no se si realmente tendra fin?.... ¿ es el fin de nuestro amor?"
La elfa se lamentaba mientras dejaba que una lagrima acariciara su mejilla, caminaba por Tierras Sombrias hacía Ellyrion en busca de su amado quien hace mas de un mes perdió....
Pd: es un relato donde yo he buscado ese mensaje que quizas has querido dar, donde meditamos sobre los ideales de una guerra y nos hace elejir el rol de cada uno... y ¿porque luchar?... aunque no lo deja claro, yo interpreto que Edmund hubiera preferido una retirada, mientras Valdemar lucharia hasta el final, dejando un final abierto que espero que completes, ¡Enorabuena por el relato me ha gustado mucho!!
Aun encerrada en las tierras sombrias, buscando un porque de su existencia pensaba que ahora mismo vivia la misma situación del capitan y el sacerdote:
"¿porque luchar?... ¿ese es mi destino en la vida? .... el Capitan se negaba a luchar en su corazon pues todo estaba perdido... quizas lo mejor hubiera sido huir, pero el sacerdote luchaba por la fe de esa deidad llamada Sigmar...¿no lo entiendo?... es exactamente lo que me pasa a mi... mi querido Marule llevo tiempo buscandos y añorando vuestra presencia, tu vives para protejer a tu pueblo y yo vivo para vivir junto a ti.... tu eres Valdemar y yo Edmund ¿ sacrificaremos todo por algo que no se si realmente tendra fin?.... ¿ es el fin de nuestro amor?"
La elfa se lamentaba mientras dejaba que una lagrima acariciara su mejilla, caminaba por Tierras Sombrias hacía Ellyrion en busca de su amado quien hace mas de un mes perdió....
Pd: es un relato donde yo he buscado ese mensaje que quizas has querido dar, donde meditamos sobre los ideales de una guerra y nos hace elejir el rol de cada uno... y ¿porque luchar?... aunque no lo deja claro, yo interpreto que Edmund hubiera preferido una retirada, mientras Valdemar lucharia hasta el final, dejando un final abierto que espero que completes, ¡Enorabuena por el relato me ha gustado mucho!!

Aredhel- Soldado

-
Cantidad de envíos: 16
Edad: 23
Nombre PJ principal: Aredhel
Raza: Alto Elfo
Fecha de inscripción: 04/10/2008
Re: La forja de un proscrito - Última defensa.
El relato continuará pronto. En cuanto al mensaje y los conenidos... todo se irá desvelando.

Zaphariel- Cabo

-
Cantidad de envíos: 241
Edad: 28
Nombre PJ principal: Zaphariel
Raza: Humano del Imperio
Fecha de inscripción: 08/10/2008
Re: La forja de un proscrito - Última defensa.
Me encantan tus relatos.
El paje me recuerda a Milo de los fantasmas de Gaunt.
El paje me recuerda a Milo de los fantasmas de Gaunt.
_________________


Wulfdrem- Cabo

-
Cantidad de envíos: 53
Edad: 30
Nombre PJ principal: Wulfdrem
Raza: Humano del Imperio
Fecha de inscripción: 16/10/2008
Re: La forja de un proscrito - Última defensa.
Buena historia, buena narración y buena forma de terminarla, dejándonos con la intriga y las ganas de mas.
¿Será Zaphariel ese niño pequeño? Si es así, un peculiar origen el de músico para un Cazador de Brujas, pero cuyo entorno seguro que le hace llegar a dónde ha llegado actualmente.
Si no es así, me trago mis suposiciones y a esperar la expansión del relato.
¿Será Zaphariel ese niño pequeño? Si es así, un peculiar origen el de músico para un Cazador de Brujas, pero cuyo entorno seguro que le hace llegar a dónde ha llegado actualmente.
Si no es así, me trago mis suposiciones y a esperar la expansión del relato.

Raymond- General

-
Cantidad de envíos: 792
Edad: 22
Nombre PJ principal: Raymond (Cazador de Brujas)
Raza: Humano del Imperio
Otros PJ\'s: Drurr (Sacerdote Rúnico)
Fecha de inscripción: 11/08/2008
Permiso de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.
Registrarse





